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5 de junio de 2010

Sobre Lost

Aquí, en caliente:




Aquí, en frío:

26 de noviembre de 2008

El fin de una era

No hace falta ser muy conocedor para haber visto opiniones sobre lo importante que es que una obra se salga a la luz en el momento adecuado, el fracaso que supone llegar unos años tarde, cuando las corrientes siguen otro rumbo, o cuán visionaria resulta, que resulta incomprendida una o dos décadas. Luego, con el paso del tiempo, acaban catalogadas, organizadas, puestas en perspectiva. En mi opinión no hace falta, la primera reacción de un espectador no va a ser si una película en blanco y negro es un reducto cultural de los 60 o una innovadora puesta en marcha de los 40, sin ir más lejos. No debería ser su objetivo primordial, al menos.

Y sin embargo, con ciertas obras, ocurre que tienen la fortuna de tener lugar lo suficientemente temprano como para que exista, tiempo después de su llegada al mundo, un momento idóneo para verlas: Un momento en el planeta coloca su diana de atención justo donde alguien soltó un dardo tiempo atrás.

Eso ocurre con El Ala Oeste de la Casa Blanca. Para entender nuestro mundo en este momento, considero muy útil conocer esta serie. Cualquier tratado de política está escrito por alguien con ideas muy claras, porque si no, no tendría sentido que lo escribiera. Con el Ala Oeste, sin embargo, sí que tiene sentido, está escrita por un compositor de ideas al que un equipo de asesores políticos profesionales y de todos los perfiles ideológicos le presentaban sus distintos puntos de vista. Él sólo tenía que recogerlos y entablar con ellos un drama.

Cualquier problema político, social, religioso o económico que se nos pueda ocurrir aparece plasmado en esta serie. Ya he puesto aquí unos cuantos vídeos que se refieren a cuestiones escalofriantemente reales, dentro de su universo de ficción, y podría enumerar muchas más, como aquel capítulo en el que el gobierno se negaba a utilizar públicamente la palabra "crisis" para hablar del estado de la economía, o ese otro en el que el presidente tiene que hacer que palestinos e israelíes se pongan de acuerdo al menos en que nunca se ponen de acuerdo. O el del problema para elegir nuevos jueces del tribunal supremo, o los debates entre lo mal que funciona la burocracia contra lo necesario que es el funcionariado, o el cinismo de los millonarios que gastan un porcentaje ínfimo de su fortuna, que sigue teniendo docenas de ceros, para lavar su imagen.

Pero no es por todo ello por lo que hoy, aquí y ahora, es el mejor momento para conocer esta serie. La penúltima temporada es un salto generacional plasmado en forma de un año de interminables primarias. La última, consiste en unas elecciones en las que un joven político, cuarenta y tantos, es el primer candidato a la presidencia de Estados Unidos de raza minoritaria, y se opone a un veterano septuagenario con el más amplio conocimiento del panorama internacional. Las diferencias no dejan de saltar a la vista, como que en la ficción a nadie se le ocurrió una Sarah Palin. Pero las similitudes son tantas, que dentro de unos años creerán que se la serie se rodó tras estas elecciones, como mucha gente cree ahora que ocurrió con La cortina de humo. Pero no son casualidad. La creadora del personaje del que hablo se carteó durante un año con el jefe de campaña de Obama.

Ya está disponible completa en DVD, y hace pocas semanas se emitió por fin el último episodio de la serie en España, por lo que está disponible en castellano para los que la prefieran así. Y no es moco de pavo esa labor, verla con subtítulos puede hacer estallar la cabeza a más de uno, y dentro de la pérdida imposible de evitar, la serie mantiene toda esa musicalidad que Sorkin le insufló en 1999. Me sentí aliviado, de hecho, cuando vi que AXN empezaba a emitir la séptima temporada justo una semana después de acabar la sexta, porque me parecía necesario. Tenían que hacerlo ya, el cambio de las primarias a las elecciones ocurrió en la emisión española casi en tiempo real. De hecho, no se llega a decir la fecha, pero se sugiere que el año electoral que se filmó en el 2006 era precisamente el 2008. Cuando Obama se reunió con McCain una semana, estábamos viendo en las noticias el penúltimo episodio de la serie, y el 20 de enero llegará la grand finale.

Sin embargo, lo que ni Sorkin ni sus sucesores pudieron prever fue la nueva crisis del 29 que estamos viviendo. En la serie hubo otra crisis con tintes parecidos en cuanto a influencia electoral, de ésas que echan por tierra la ideología de un candidato de la noche a la mañana. Pero evidentemente no podía ser como la real, no sólo porque los guionistas sean visionarios y no videntes, sino porque el presidente del mundo ficticio era todo lo opuesto al real. De hecho, ¡el presidente Bartlet tenía un ficticio premio Nobel de economía!

No, para entender cómo se desmorona el mundo tal y como lo conocemos, no nos basta con unos genios que miraron al futuro. Nos hace falta un genio que mire al pasado. Y para eso está Matt Weiner con Mad Men.

Mad Men trata precisamente sobre el desmoronamiento de la sociedad hace 50 años y ya en los créditos nos lo dicen de manera elegante. Mad Men tiene una y otra vez momentos mágicos en los que los personajes son inconscientes del mal que hacen, tanto al mundo como a sí mismos, provocándonos una mezcla de repelús y envidia a través de situaciones, frases y gestos claramente machistas, racistas, perjudiciales para la salud o ecológicamente criminales. Mi plano preferido en toda la serie hasta el momento es un general con la vuelta al coche tras un picnic, con la familia dejando olvidados tranquilamente plásticos y residuos de todo tipo que rompen la perfección del prado que han ido a visitar. Sin el menor remordimiento, con toda la inocencia, y lo más importante, sin mala intención. Olé.

Y sin embargo, esa misma crítica rápida con cualquier otro ejemplo de los miles que tiene Mad Men es lo que la gente ha ido comentando por internet desde que salió la serie, se quedan ahí, cuando ése es sólo el principio. La clave para entender el mundo de hoy es Don Draper, el protagonista. Don Draper es el MAL. En alguna parte se le define como un tío íntegro en cada cosa que hace, pero un desastre cuando se interrelaciona cada parte. Es decir, es un perfecto marido y un perfecto amante de dos o tres mujeres a la vez. Pero no caigamos en pensar que es es malo por mezclar, no; es en esa integridad individual donde radica toda su maldad. Como se siente vacío por dentro, se amolda a la perfección a prácticamente cualquier circunstancia en la vida, y su trabajo es la mejor prueba de ello. Se amolda a cualquier persona interesada en comprar o vender y desarrolla campañas de publicidad perfectas.

Con la crisis me he dado cuenta de que la publicidad es el mal, y él lo personifica. Él es tan malo, por ser tan íntegro, que seguramente cuando esta serie crezca y tenga seis temporadas comience a rivalizar con Los Soprano, algunos se darán cuenta de que un jefe de la mafia de Nueva Jersey es un bendito en comparación con lo perjudicial que fue un publicista en los años 60.

El dinero es deuda, vale. Desde el momento que se crea, con un préstamo de la nación a sí misma, todo el dinero que existe en el mundo se lo debe alguien a alguien, y como nadie presta sin interés, si todo el dinero se devolviera, no habría suficiente para pagar todo lo que se debe. Incluso un sueldo honesto es dinero que la empresa ha obtenido por un crédito, o ha recibido de beneficios de otra empresa que ha pedido un crédito. De ahí que las personas y las empresas entren en competencia directa para no formar parte de los que deben dinero, sino de los que tienen dinero. Y de ahí que la competencia se convierta en publicidad. Y ahí entra Don Draper, el hombre que por dinero convierte la competencia de mercado en una forma artística, haciendo que el público compre cosas que no necesita con dinero que no tiene.

Los años 60 resolvieron la iniciativa tras la segunda guerra mundial por la que para mejorar la economía había que hacer que la gente comprara más, y para ello corre la leyenda no urbana de que maquinaron una obsolescencia planificada, es decir, que los productos dejaran de ser funcionales al cabo de cierto tiempo. Cierto o no, la verdad es que los publicistas contribuyeron enormemente al asunto: Si hacemos una lavadora con botoncitos, cuando uno se estropee, la lavadora perderá su valor. Cuantos más botoncitos tenga, más gustará inicialmente y más garantizaremos que se rompa y vuelvan a por el modelo mejorado con más botoncitos. Se habla de que los ingenieros hacían cálculos matemáticos para determinar cuánto había que esperar para que rompieran sus modelos sin que el comprador se sintiera defraudado. Evitar esa sensación fue el trabajo de Don Draper, y ahora... ¿cuántas personas conoces que tengan un móvil comprado hace más de un año? De esas pocas, ¿cuántas llevan tiempo queriendo hacerlo pero todavía no se lo pueden permitir?

Nos hemos convertido poco a poco en una versión aberrante del consumidor que creó Don Draper a través de su habilidad para gustar. Los geeks que desprecian el vaivén de tendencias en tacón grueso/tacón fino/cuadros/rayas/liso que atraen la atención en las pasarelas, no desprecian el último modelo de gadget que ha sacado Apple. Y ambas cosas son lo mismo.

Y aún más, ¿cuántos tenemos un trabajo elitista como el de Don Draper? Cuántos en el primer mundo nos dedicamos a no producir nada tangible, sino a administrar, vender, comprar, revender cosas intangibles o cosas tangibles que se hacen en otro continente? Cuántas personas que conocemos no trabajan en una oficina, ni son diseñadores de algún tipo, ni informáticos... cuántos hacen algo con sus manos, o siquiera controlando con ellas una máquina. ¿Qué porcentaje de gente de este país recolecta, cosecha, ordeña o excava? ¿Cuántos de ellos no son inmigrantes?

Como cada vez la deuda de todas las naciones es mayor y la única manera de paliarla es la competencia, también entre ellas, se forma de manera natural un tercer mundo con deudas desorbitadas que intentan reducir a través de tratos leoninos en forma de materias primas y mano de obra barata para seguir moviendo la maquinaria.

Lo mejor de Mad Men no son los detalles de maldad inocente de los que nos damos cuenta, sino de todos esos detalles de los que todavía no nos hemos percatado. Pese a tener muchas más cosas en cuenta que antes a la hora de tratar al mundo y tratarnos a nosotros mismos, todavía somos como Don Draper. Representamos a una empresa en el momento en que trabajamos para ella, cuando su único interés, su única motivación y religión es el dinero, lo que algunos llaman Moneytheism. Y con ello estamos destrozando todo lo que nos rodea, consumiendo el planeta a un ritmo exponencial, como todo préstamo con intereses que se van acumulando. En estos momentos ocurre algo que se compara con un momento habitual en partidas de póker: Cuando un jugador acumula todo el dinero otros piden crédito. Y cuando se les acaba el crédito, se termina la partida. Y ahora intentan engañarnos diciendo que sí que queda crédito. Se plantean en todo el mundo ayudar a las fábricas de coches para que no dejen de fabricar, después de que la sociedad haya despreciado durante años su aumento exacerbado y todos estemos de acuerdo en que convendría cambiar cuanto antes los modelos para que ahorren combustible. Pero las ayudas consistirían en no reducir la fabricación, por supuesto. En la metáfora, ahora el jugador está pidiéndole al casino crédito a cambio de las llaves de la casa hipotecada (que ésa es otra) para prolongar el problema y no busca una solución real a su ludopatía.

Algún día analizarán nuestra época por cómo veíamos el cinismo social de Mad Men y cómo ignorábamos lo más importante. Yo por mi parte, tras en este período de reflexiones baratas que me produce un peculiar modo de depresión, la ajena, como la vergüenza, y que me ha marcado profundamente un antes y un después, me declaro culpable de haber trabajado en publicidad. Y en todo lo demás.

El mayor reproche que le hicieron a Sorkin por El Ala Oeste fue que los personajes eran irrealmente idealistas. Irónicamente es exactamente ese idealismo lo que ha llevado a Obama a la Casa Blanca. O a sus publicistas.

Aaron Sorkin está accesible aquí. Mad Men tiene sus análisis más completos aquí. Aunque no estemos de acuerdo en alguna medida, conviene echar un vistazo aquí; y aquí dicen algunas cosas relacionadas más difíciles de desmentir. La metáfora del póker se citó ya aquí. Todo lo que quieras saber sobre obsolescencia programada está aquí. Y hay que hacer una dedicatoria especial en este post a Ernesto Aura, voz de Martin Sheen en El Ala Oeste, que nos dejó hace poco. Sus datos, aquí.

13 de octubre de 2006

El día que Garci puso Memento

Tanto el habitualmente respetado Pianista como un controvertido Doctor Mentalo han puesto de moda arremeter contra la nunca suficientemente mal ponderada crítica. Y si esta frase les parece propia de un crítico, no se sorprendan, porque no hago más que utilizar su sintaxis. Mi socio Tiovania ya la analizó fríamente en su serie El enterao. La recomiendo entera.

Poco me queda que añadir ante semejantes artículos, quizá lo principal sea expandir con ejemplos algo que se sugiere en estos artículos y sus comentarios. Lo primero, respecto a que muchos de ellos son cineastas frustrados. Dos ejemplos internacionalísimos y prestigiosisisísimos: Roger Ebert, crítico de cine, escribió Más allá del valle de las Ultravixens y Robert McKee, teórico de guión, trabajó de guionista en la serie para televisión Señora Colombo. No me he equivocado. Señora Colombo. Una serie sobre una periodista que limpia la casa, cuida de su hija pequeña y resuelve crímenes hablando constantemente de un marido sin nombre propio que dice tener.

Y ahora un ejemplo nacional que he vivido en mis propias carnes. Me declaro culpable de haber ido a UN pase de prensa en mi vida. Si repito alguna vez será exclusivamente porque el espectáculo está a este lado de la pantalla, en las otras 15 butacas ocupadas en aquel pequeño cine. Citas reales:

-Yo sólo critico películas españolas y europeas. Bueno... y americanas independientes.
-Yo no paso por Fox. Está muy lejos.
-Pero si puedes llegar con el ciento cincuenta y...
-Sí, y con el catorce. Pero es que la encargada me cae como el culo.
-Entonces lo de que está lejos es una excusa...
-Sí, vale, sí.
-Pues a mí me cae muy bien, ¿sabes por qué? Porque era la secretaria de mi agente, cuando yo era actor.
-¿Fuiste actor?
-Vale, sí.

Puras perlas. Ojalá hubiera tenido papel y lápiz para tomar nota de todas, pero hubiera desentonado, ninguno de ellos llevaba nada similar.

Pianista quiere separar la crítica cinematográfica del periodismo, pero en realidad creo que eso le hace un favor mayor al periodismo que al lobby de críticos. Actualmente el periodismo está alcanzando cotas de vergüenza que jamás se habían podido imaginar. Hubo un tiempo en el que los periodistas eran gran parte de la autoridad intelectual de este país. Y ahora en los rótulos del Telediario aparecen cosas como elegir con h y con j. Ahora sólo tienen la actitud de autoridad intelectual, en el mejor de los casos. En el peor, pasan olímpicamente de su trabajo.

Por otro lado, creo que el crítico de cine es más parásito de los consumidores de cine que de sus creadores. Busca lo que quieren y se lo da. Y lo que quieren es devorar datos y opiniones. Por eso existen las revistas en el fondo, porque la experiencia cinematográfica no es suficiente.

Pero no nos engañemos. Cuando un cineasta habla de cine puede caer en errores similares. Y especialmente si se rodea de críticos. Y más si se trata de José Luis Garci.

El día que Garci puso Memento quedará para la historia de la televisión. Ya me habían dicho que "cuando pusieron Pulp Fiction, todos los colaboradores estaban de acuerdo en que el tratamiento del tiempo era INTERESANTE" y yo mismo pude oír a Garci comentar "aquí utilizaron este tipo de lente, pero nosotros no hablamos de eso en el programa", así que estaba advertido. Cuando se anunció la emisión de Memento en la última etapa del programa decidí quedarme apuntando las perlas (esta vez sí). No me dio tiempo a apuntar todas, algunas he tenido que cambiarlas para dar sentido completo a ciertas frases. Pero por lo general, todo lo que sigue es fiel en un 99% a lo que se dijo aquel día.


FADE IN

INT. DECORADO DE QUÉ GRANDE ES EL CINE - NOCHE

JOSÉ LUIS GARCI, OTI RODRÍGUEZ MARCHANTE, ANTONIO GIMÉNEZ RICO y EDUARDO TORRES - DULCE se reúnen para hablar de Memento.


"Batman Begins es una película sorprendente y magnífica, sobre todo en su primera mitad" - Garci

"La clave está en dos o tres momentos muy claros una vez se ha visto la película, es muy de cine negro de los 60" - Garci

FADE OUT

PROYECCIÓN DE MEMENTO

FADE IN

INT. DECORADO DE QUÉ GRANDE ES EL CINE - NOCHE

Ligeramente cansados, los cuatro amigos deciden comentar la película tras su visionado


"Ahora debería decir 'Bienvenidos a qué grande es el cine, esta noche vamos a ver Memento" - Garci

"En el año 2000 el comité olímpico designó Pekín como sede del 2008, American Beauty ganó el Oscar. Pero vamos a la película y las innovaciones." - Garci

"No va de atrás hacia alante. Sólo. Va desde varios puntos de vista hacia atrás y hacia alante" - Garci

"Lo del pellizco y la jeringuilla es precioso" - Oti Rodríguez Marchante

"Contada con un sistema narrativo tradicional es una vulgar película de cine negro" - Antonio Giménez Rico

"Lo del blanco y negro es lo que él cuenta, cuidao" - Marchante

"Tú entiendes lo de la polaroid del principio porque eres un espectador privilegiado" - Eduardo Torres - Dulce (a Giménez Rico)

"Solamente hay dos anécdotas" - Marchante

"Si te cuenta un rompecabezas, no me parece atractivo" (n/m) - Giménez Rico

"Como espectador me siento manipulado. David Lynch lo intentó en Mulholland Drive pero no lo consiguió" - Torres - Dulce

"La... utilización del scope es fantástica, es como una película de Tarantino" - Garci

"La historia le trae sin cuidao" - Giménez Rico

"La película acaba con que él va en un coche, pero la película sigue" - Garci

"¡No, no, no, no, no!" - Marchante, Giménez Rico y Torres - Dulce

"Lo primero es la causa" - Marchante

"No, no, no, el efecto, perdona" - Giménez Rico

"Eso." - Marchante

"Insisto en que la historia es un pretexto para crear una atmósfera desasosegante" - Giménez Rico

"Ya sabemos cuál es el final de la historia, o sea, el principio. ¿Pero qué le pasa a los protagonistas?" - Garci

"El 'Harplobowsky' está genial" - Garci

"La prueba de la jeringuilla es una demostración clara de lo que es la falta de memoria" - Giménez Rico

"Ten en cuenta que la mujer de Sammy se suicida" - Giménez Rico

"La historia de Sammy es la manipulación más peligrosa de la película" - Torres - Dulce

"Es lógico que todo esto esté deshilachao" - Marchante

"No entiendo lo de los recuerdos lejanos y los recuerdos cercanos" - Torres - Dulce

"Creo que hay una intencionalidad de un elemento de confusión para dar un elemento de desconcierto, porque si la analizas cuidadosamente, la película tiene muchas trampas" - Giménez Rico

"La música es muy bonita" - Garci

"El Pantoliano también estaba en Matrix" - Marchante

"Pero tacha el texto por la influencia de Natalie, aunque lleva mucho rato sin verla" - Torres - Dulce

"En internet hay dos páginas sobre los errores de la película" - Torres - Dulce

"Su estructura es complicada como Sospechosos habituales" - Torres - Dulce

"Tiene el montaje que tiene que tener" - Garci

"Garci, Garci, El SIGLO pasado en Marienbad" - Marchante

"Y aquella estructura, los setos aquellos..." - Garci

"La ventaja de esta película es que cuenta una historia" - Torres - Dulce

"Por eso disfruté tanto con Marienbad" - Giménez Rico

"Soy fanático del Batman de Burton" - Torres - Dulce

"Tiene un poco de la complicación de Pi" - Torres - Dulce

"Contadme cómo es ésa nueva de Batman de la que todo el mundo habla" - Giménez Rico

"Pues está contada para atrás" - Torres - Dulce

"Mi momento es el de Natalie acariciando los tatuajes, que encierra un cierto erotismo, pero me quedo con la atmósfera" - Giménez Rico

"Mi momento, que creo que éste es el mejor debate de la historia del programa, es cuando quema los recuerdos" - Torres - Dulce

"Mi momento es ¿Te acordarás de mí? ¡No!" - Marchante

"Pues me quedo con el momento de la cafetería, cuando le para" - Garci

"Sinsentido, desasosegante y fascinante, e incluso irracional" - Giménez Rico

"Esas películas que se empezaron a hacer en los años 60, los trajes que llevan, la ropa que llevan..." - Garci

FADE OUT

Próximamente, y si el tiempo no lo impide, llegará la tercera parte de la trilogía de la memoria artística. Prometido.

27 de agosto de 2006

Studio 60 on the Sunset Strip

Saturday Night Live es el principal programa de humor de toda la historia de la comunicación. Por él han pasado o se han formado todos los cómicos americanos que conocemos. Y quiero decir TODOS. Y algunos actores que aquí tenemos por serios nos sorprenderían si viéramos la vis cómica que pasean por su tierra. Saturday Night Live fue creado en 1975 por Lorne Michaels, que sigue al pie del cañón tras la cámara explotando la faceta humorística de la actualidad semana tras semana. De todos modos, no todo va bien en el SNL. Dicen que vive de las rentas, acaban de recortarles el presupuesto para el nuevo año, van a despedir a unos cuantos cómicos de la plantilla de golpe y porrazo, etc. De hecho, siempre ha sido un mundo complicado. Sin ir más lejos, Lorne fue despedido en 1980 y le volvieron a contratar en el 85. Más o menos cada lustro ha tenido que reinventarse para sobrevivir (y estamos justo en ese momento). Pero... ¿acaso no tienen las leyendas derecho a vivir de las rentas?

Aquí entra Studio 60: Una serie de Aaron Sorkin y Thomas Schlamme que promete contar sin tapujos la mierda que hay detrás: una serie de ficción sobre cómo se crea un programa de humor semanal. Y en el mismo canal en el que se emite Saturday Night Live. Y en el mismo canal que les echó de esa creación suya que fue El Ala Oeste de la Casa Blanca. Evidentemente, un proyecto así sólo puede funcionar desde la honestidad, y ellos lo saben. No en vano, los protagonistas absolutos van a ser el director y el guionista que van a llevar el programa. No en vano, los personajes vuelven a la misma cadena que les echó hace unos años. La autorreferencialidad es especialmente patente en el arranque del piloto: La primera estrella invitada del programa ficticio es Felicity Huffman, que protagonizó la primera serie en la que colaboraron Sorkin y Schlamme (Sports Night, también sobre la tele) y el primer sketch que vemos del programa es una parodia del presidente Bush. La primera bronca gorda surge por el conflicto de creencias en los medios, igual que en el piloto del Ala Oeste. Y llegan más lejos. Los protagonistas querían hacer una película y se lo va a impedir un asunto de drogas que puede llegar a hacerse público. En la realidad, este asunto sí llegó a los medios y la película todavía no se ha producido (y sí, también circulaba en torno a la televisión).

Sorkin no duda en abrazar Network con las dos manos. Y como en ésta, se cura en salud inventándose una cadena nueva, la NBS y poniendo a la NBC como rival. Dicen que llegaron a pensar en llamarla igual que la de Network, UBS, pero entonces no habrían podido hablar de la película con el mismo descaro. Coincido con ellos en que es mucho más divertido mezclar ambos nombres. Han buscado cuidadosamente a un actor que no sólo interpreta a Lorne Michaels, sino que además es clavado a Howard Beale, ese personaje que en Network "no está dispuesto a seguir soportándolo" y aquí en consecuencia (sólo) es asesinado profesionalmente.

En 40 minutos nos enseñan más relaciones entre personajes que muchas películas en tres horas. Ya sabemos quiénes tienen familia, quién se han acostado con quién, quiénes odian a quiénes y cuánto sufren todos y cada uno de ellos. Sorkin retrata crudamente el mundo de la televisión, pero deja sitio a un elemento imaginario: Una mujer que llega a directora de la cadena a los 30 años. Guapa. Y de las que se arriesgan. Hasta los propios personajes creen que es irreal. Y Sorkin está dispuesto a experimentar hasta qué punto puede cambiar el infierno televisivo partiendo de una sola buena persona en lo más alto del poder, y puede que ni sea buena persona, puede que sólo sea una alguien que sabe lo que hace. Sí, un exec que sabe de tele es el sueño de todos los que trabajan en ella. En el piloto aparece incluso un tipejo censor intentando incrustar en un vhs una cinta cuatro veces más grande.

Schlamme, por su parte, se reserva esos grandes pequeños placeres de realización que permiten colocar a los personajes en todo tipo de escenarios del backstage para crear el ambiente metafórico que más le convenga. Y sabe lo que es hablar a gente que conoce su estilo. Sports Night es la sitcom multicámara mejor realizada de la historia de la televisión. Ha decidido cambiar los también estrechos pasillos del Ala Oeste por un estudio gigantesco, los movimientos de cámara se vuelven totalmente distintos con ello. Aquí la cámara al hombro va a enriquecer mucho más al personaje que habla estático ante una multitud que los travellings hacia atrás. Había un antológico episodio de West Wing en el que los protagonistas buscaban sus despachos y acababan llegando a la conclusión de que iba a ser mejor tener las reuniones por los pasillos. Aquí, Amanda Peet buscará su despacho guiado por un jefe al que odia, y la cámara se mostrará fría y distante, con panorámicas como mucho, en un entorno oscuro, distinguiendo claramente que la situación ni es la misma ni lo va a ser. Cómo Amanda Peet se adentra en la oscuridad de la televisión, cómo una lámpara sirve de discretísima aura de santo difunto ante el Lorne caído, sin caer en la chabacanería, cómo la cámara va a colocarse muchas más veces de cara al público que al escenario, o cómo no vemos un gran plano general picado del estudio hasta el final del episodio, terminan de definir este nuevo universo.

Es el mejor piloto de televisión que he visto en mi vida. Y quiero dar las gracias a mi amigo y socio Vania por recomendármelo. De todo el consuelo que he necesitado estos días, éste ha sido el mejor que podía aportarme el mundo audiovisual.

Studio 60 on the Sunset Strip se estrena el próximo 18 de septiembre en la NBC.

21 de mayo de 2006

Mierda Vidi: Mierda Vinci

Vaya por delante que no pretendo convertir el blog en una sucesión de críticas cinematográficas. Como género me parece un error de base. Y por supuesto, vaya más aún por delante que para el caso que nos ocupa me importa un carajo quién fue o no fue Jesucristo. Eso lo dejaremos para otro momento.

El código Da Vinci es MA-LA. Lamentable, horrible, inaceptable. Vistos los datos de ventas, es estadísticamente la película de la que más gente repetirá el "me gustó más el libro" de toda la historia. TO-DA.

Se hace lenta, se hace vacía. Se convierte en un bodrio insoportable que sólo plasma medianamente bien, y a medias, la teoría de la que habla; a muchos les parecerá que ése es el fin, dar masticada a las masas una Teoría Unificada del Machismo y todo eso, pero me temo que no, que una película es un precio demasiado caro para contar eso, que quedará lejos de satisfacer a todos los que busquen en ella algo mínimamente cinematográfico, pero madre mía, todos los departamentos encargados de dotar de expresividad a la narrativa se encuentran perdidos sin saber qué hacer, a dónde apuntar, qué remarcar. ¿Se han vendido los razzies tanto como para no premiar categorías técnicas? No lo sé, pero candidaturas no faltan:

La iluminación es monótona, muy monótona, incluso vemos algún plagio de cómo colocaban las luces al Loco Crowe en primer plano, pero con Hanks. Hace falta mucho trabajo para convertir algunas de las localizaciones más espectaculares del mundo en algo tan poco atractivo.

Los encuadres parecen sacados de la peor fast movie española, sin pies ni cabeza, sin tener la menor idea de qué es un punto de interés, qué es un personaje preocupado, o un momento de tensión. Ni por iluminación ni composición recuerdo un solo plano que llamara la atención o cumpliera su objetivo.

Del montaje se puede decir el manido "sobra más de media hora", pero no conviene quedarse ahí. Muchas películas de las que se dice eso en realidad necesitan un par de recortes de unos minutos y quizá añadir un plano. Aquí hace falta ser poco originales, porque esta película necesita eso para todas y cada una de las secuencias. Además es como si hubieran elegido para cada momento la toma y el ángulo menos expresivo de los que disponían, creo que un montaje descartando TODOS los planos que han utilizado en éste tendría que ser mejor por fuerza.

La postproducción visual reinventa el concepto de flashback tirando por tierra todos los parámetros convencionales que los definen y para insertar por aquí y por allá momentos históricos con filtros que hacen que parezcan más futuristas que el presente. Los momentos de investigación plasmados visualmente suben esas absurdeces matemáticas de Una mente maravillosa a un pedestal. Si aquellas no tenían sentido, éstas directamente escupen irrealidad al espectador. Y encima son aburridas.

La música (miren esa foto, por dios) remarca todos estos errores y los acentúa hasta el extremo. Los tiempos en los que un músico se sentaba ante la pianola para improvisar durante los cortos de Charlot ya pasó, y sin embargo aquí está, pobre, inexpresiva, inadecuada cuando se deja oír, totalmente ajena a la historia, y, ante el distanciamiento que se crea junto con los demás departamentos, comete su error más grave: nada interesante por sí misma.

Lo único salvable de toda la película es un CHISTE que hace Ian Mckellen. Un plano medio con él citando el libro textualmente. Es decir, el único momento que me funciona de toda la película es uno en el que no hay intermediarios, en el que el actor logra recitar por encima de todos los boicots narrativos.

Dan ganas de echar la culpa al director, que ha debido de tener serios problemas de cualquier índole personal durante el rodaje, pero una segunda reflexión nos hace preguntarnos si estuvo ahí en algún momento, si llegó a haber un señor que supiera lo que estaba contando, o al menos qué estaba pasando durante el tiempo que cobró. Es alucinante cómo su anterior Cinderella Man, que reconozco que no he visto, fue tachado de cursillista, por seguir el manual de instrucciones para crear una película de éxito y oscarizable. La película fracasó, pero al parecer las notas se siguieron al pie de la letra. Aquí no hay elemento atractivo ajeno a la propia adaptación del Best Seller. Cualquier técnica de manual o no, que haya demostrado interés por parte del espectador en cualquier película anterior de este hombre o de cualquier otro de cualquier país falta, falla, no llega o ni siquiera intenta plantearse. Y una tercera reflexión, ésta ya dentro de la furiosa decepción que me ha causado la película, me hace preguntarme si lo que pretendía en la sombra era contar la teoría de marras dentro del contenedor menos interesante posible.

Cuando los productores dijeron que se habían hecho con los derechos, planteaban el reto de la conversión de formato buscando alternativas visuales, de acción, de personaje, que acabaran de darle ese interés fílmico. Los cojones. Es una representación casi secuencia por secuencia del libro. En el libro funciona la estructura de cliffhangers, que ya dejé caer aquí brevemente, es la que hace que el lector acabe un capítulo de media página y se vaya a dormir haciéndose preguntas. Aquí se demuestra cómo esta estructura, que puede funcionar en series con publicidad y continuidad, al adaptarse al cine se estrella de cabeza contra el barro.

18 de abril de 2006

Azul Oscuro Casi Negro

...un nuevo género.



Llevo bastante tiempo imbuido en el estilo de Pixar, Disney, en contraposición con Dreamworks, etc.

Hay gente que le reprocha al "estilo Disney" cosas que no se saben identificar muy bien, ñoñería, sentimentalismo, etc., aunque nadie duda de su calidad técnica, incluso son películas que gustan hasta determinada edad, cercana a la del pavo, para luego quedarse relegadas a un hiatus mental hasta que alguien se atreve a indagar. Si lo hace, puede uno empezar a disfrutar de películas que no le gustan, pero su enfrentamiento con éstas, si llega a producirse, sigue siendo igual de abstracto: "no me gusta la historia", "no me gustan los personajes", etc.

Sin embargo, al ver una secuencia sacada de contexto, es innegable comprobar que es perfecta. Y al ver el arco de un personaje, es innegable comprobar que es el mejor posible. Y cada gesto, cada extra y cada palabra ni sobran ni faltan. En su contra, Dreamworks, Fox, justo el Disney prepixar e incluso el anime en general (no todo), sustentan críticas que persisten con el paso del tiempo: Secuencias lentas, despropósito de chistes, personajes planos, mundos implanteables, o innecesariamente planteados...

Daniel Sánchez Arévalo ha conseguido generar algo así como el buen Disney en la animación en el cine español de imagen real: Ha creado la ¿primera? película del género "Cine Español Bueno". Un cine en el que las discrepancias del espectador con la obra pueden abordarse desde aspectos tan anticinematográficos como "no me gusta que los protagonistas lo pasen mal" o "nunca me ha gustado el diseño de los cubos de basura" o "no me gustan las dudas", porque no hay otra vía por la que acercarse a los posibles defectos. Un cine en el que cada personaje funciona, cada historia funciona, cada sentimiento se transmite como debe transmitirse y que convierte a la crítica en algo innecesario. Esto no es una peli, es un género, o, como mínimo, un listón para todos.

Los mensajes anteriores estaban demasiado relacionados entre sí, hasta el punto de dar un indicio de que este blog iba a tener arco de temporada (algo de lo que hablaré pronto) y en este blog espero tratar más temas, por eso he querido poner la crítica que escribí para otros sitios hace una semana. Recordad, estáis a tiempo de verla y salvar el cine español. Siento parecer un pedante con un ruego tan rotundo, pero, sinceramente, cada vez creo más que del éxito de películas como ésta depende que el cine español compita en otra liga.