12 de noviembre de 2007

El amor es ciego.



Visto en los foros de escolar y 20 minutos.

20 de octubre de 2007

Madness.

Un día un puñado de locos se pusieron en contacto conmigo para proponerme hablar de tele. Rara vez me he negado yo a eso. De hecho, cuanto más locos sean los interlocutores, mejor, pero si el planteamiento alcanza proporciones épicas, acojona un poquillo. No se trataba de sostener un hilo que pendulara por los temas según improvisara la brisa conversacional; oh, no. La idea era reunir a un grupo, cuanto más loco mejor, para intentar abarcar lo inabarcable.

Ésta fue la primera frase que escuché por el teléfono:

"Queremos abrir un macroblog donde cada usuario elija una serie y la analice en profundidad, capítulo a capítulo. ¿Te gustaría hacer... no sé, Frasier (263 capítulos) o El ala oeste (155)?"

Como, para variar, la llamada de teléfono acababa de despertarme, tardé un buen rato en comprender la locura que me proponían y al final decidí coger una serie de la que todo fueran ventajas: Es corta, la tengo fresca, entiendo su contexto y sigo a su autor desde hace años.

El proyecto se ha convertido en Elitevisión. Mi serie es Studio 60. Y el nivel de los participantes me deja a la altura del betún. Sin ir más lejos, otros se han atrevido con la inabarcabilidad temática de El prisionero, la infinidad de guiños de Futurama, de los 120 capítulos de The Muppet Show y los 160 (y contando) de South Park, el apasionante reto de desglosar a los Monty Python sketch por sketch... o el reto visceral que supone plantarse delante de Expediente X, MacGyver o de Al salir de clase y decir "voy a contarlo todo, todo", intentando un acercamiento para el desconocedor y una reafirmación para el fan más acérrimo.

De cualquier modo, participar aquí no justifica la sequía de este blog últimamente. He estado de vacaciones. Vacaciones locas, claro.

7 de septiembre de 2007

Propuesta Creación Palabra

La lengua está viva, más que algunos miembros de la Academia. Pese a sus esfuerzos por mantener el idioma lo menos acorde posible con su tiempo, ya prácticamente nadie escribe sobretodo separado, sólo por el hecho de que el Word tenga memorizado un sustantivo que significa "gabán ligero". Y a medida que surgen las prisas y los textos se reducen a 140 caracteres de mensajitos o twitters, o que paulatinamente la linealidad de los mensajes desde el IRC hasta el Messenger haya sustituido las comas y los puntos por nuevas líneas, o que la gente empiece a cuestionarse los inicios de admiraciones e interrogaciones, la gente comete errores distintos, se ha olvidado de otros, y algunos se conservan. Y hay una palabra, por encima de cualquier otra, que no existe y debería existir.

La afirmación "sí" se distancia de la cojunción "si". El pronombre "mí" lleva tilde para diferenciarse del determinante posesivo "mi". Y eso es muy útil, porque cuando alguien dice "mí" o "sí", o "él", le sale la tilde sin más, la escribe con ganas. Pero los idiomas tienen mucho de artístico y de popular, es decir, no son perfectos, por ello existen corrientes que empujan una y otra vez al mismo error, como ésta.

¿Por qué ti no tiene tilde? Porque el posesivo es "tu", que ya se diferencia del "tú", que también nos sale con tilde cuando lo queremos escribir. Pero el idioma nos roba el énfasis, y cuando acalorados queremos acentuar el "ti", nos dicen que nos hemos equivocado. Qué injusticia.

Propongo crear la palabra "ti". Pero tiene que significar algo vulgar, algo vacío, algo que nunca queramos recalcar. Hay que crearla para olvidarla. Propongo que todos juntos inventemos una palabra poco importante, sacrificable, para que el "ti" de la segunda persona tenga que separarse del "ti" vacuo por necesidad y convertirse el la tilde que todos queremos poner. Vamos, lo contrario que con el té.

¿Por qué a mí, sí? Porque a ti, no. Qué egoísta es el castellano.

Y ahora, disfruten de la película:

12 de agosto de 2007

El petirrojo de Walt Disney

Mientras esperábamos un render lento esta noche, a eso de las cinco de la mañana, entre mi socio TioVania y mi jefe/cliente del momento, recordé una anécdota (real) de Walt Disney durante la filmación de Mary Poppins.



Estaba todo listo para rodar la secuencia en la que el petirrojo entra por la ventana y se pone a piar coros con Mary Poppins. Por primera vez en la historia, un complejo robot animatrónico iba a aparecer en una película. Julie Andrews tenía que cargar con él en la mayoría de los planos, ocultando con su mano un amasijo de cables que iban directamente hasta un control. Había resultado carísimo y de fabricación muy lenta. El propio Walt, apasionado de esa tecnología que también aplicaría a sus parques temáticos, estaba allí prestando mucha atención.

De pronto, un miembro del equipo dice algo tímidamente:

-Eso... es un petirrojo.

-Claro, es lo que pone en el guión. Qué pasa.

-Es que los petirrojos... no cantan.


Todos se quedaron petrificados. Lentamente, sus cabezas giraron para ver la reacción de Walt. Es un momento peliagudo.

Y la conversación derivó hacia lo que harían otros en una situación como ésa.

Orson Welles pararía el rodaje durante el resto del día, cogería un par de botellas de whisky del caro y se subiría al punto más alto del set. Exigiría que le dejaran solo, se encerraría y bebería toda la noche para dar con una solución. No la encontraría.

John Huston cogería un rifle de su camerino y se iría a la calle cazar lo primero que oyera trinar. Luego destriparía ese pájaro y forraría el robot con su plumaje.

Steven Spielberg nunca dirigiría esa película, para eso están otros más vulgares. Él sería el productor ejecutivo, como lo era Walt Disney en Mary Poppins, pero sin acercarse por el set.

Robert Zemeckis cancelaría la producción durante dos meses y aprovecharía para rodar una película con Tom Hanks.

Roger Corman mandaría construir otro pájaro a su equipo, y seguramente tardarían lo mismo que con el petirrojo: 10 minutos.

David Fincher nunca metería eso en una película, sólo en un videoclip. Y para sustituir al petirrojo disfrazaría a un perro de un jilguero o algo semejante. Luego la escena resultante sería tan ridícula que quedaría descartada y ese recuerdo le perseguiría hasta la tumba.

A Darren Aronofsky sólo le importaría que una SnorriCam siguiera al ave, sujeta con arneses en la mano de Julie Andrews. El peso combinado de ambos aparatos destrozarían su brazo para siempre.

John Woo no usaría un petirrojo. Usaría una paloma encadenando 12 planos en cámara lenta.

Francis Ford Coppola se habría gastado 250 millones en el petirrojo, toda su fortuna, y para cambiarlo se comprometería en un crédito igual de desorbitado. Y pasaría el resto de su vida haciendo películas para pagarlo.

Richard Donner sería despedido en mitad del rodaje. Los productores no tolerarían semejante error a esas alturas y nunca llegaríamos a ver su visión de los petirrojos cantarines.

Renny Harlin habría filmado el plano en el que el pájaro sale volando al principio. El pájaro se estrellaría contra el suelo. Al siguiente día de rodaje no habría pájaro. C2 Pictures quedaría arruinada. Otra vez.

Larry David dedicaría el argumento de un capítulo entero a por qué los petirrojos han empezado a cantar y por qué le hacen sumamente infeliz.

John Ford filmaría el petirrojo rompiendo el raccord y nadie se daría cuenta.

Luis Buñuel iría cambiando de pájaro según el momento en que tocase cantar.

Peter Jackson estaría haciendo cuatro cosas a la vez. Entre la postproducción de la secuencia cara, las escenas que hay que volver a rodar del principio y el caos que hay en el departamento de Richard Taylor por tener que volver a modelar los dinosaurios, el problema del petirrojo quedaría delegado al 100% en Andy Serkis.

Woody Allen, independientemente de que se hubiera asignado un papel en la producción, aparecería mirando a cámara para decir que si trina, no puede ser kosher, y acto seguido seguiría la película.

Los Monty Python usarían un loro disecado. Brave Sir Robin run away.

Pedro Almodóvar se metería el petirrojo por detrás y lo fusionaría con un tordo natural, de su propia cosecha. De ahí sacaría un cuco muy cuco.

Stanley Kubrick ordenaría que el que hace de petirrojo se buscara otro disfraz. Pero antes filmaría unas cuantas tomas, por si acaso.

J.J. Abrams mantendría la filmación del día como estaba previsto. Pero luego, en la siguiente secuencia, los personajes se preguntarían de dónde había salido ese misterioso animal, para nunca resolver el enigma.

Charlie Chaplin decidiría quitar el sonido. No se necesita que un petirrojo cante para demostrar que es un petirrojo.

Jim Henson cambiaría los papeles. Julie Andrews se pasaría el resto de la película silbando y el petirrojo cantaría, recitaría y soportaría el peso de la trama principal.

George Lucas cambiaría digitalmente el petirrojo por cualquier otro animal, real o imaginario, animado por ordenador. A los 10 años de estrenar la película, sacaría una edición del coleccionista en la que, por primera vez en alta definición, se puede ver la secuencia completa con el petirrojo original.

Alfred Hitchcok acabaría la película con un árbol lleno de silenciosos petirrojos animatrónicos. Nadie sabría qué quiere decir exactamente, pero se convertiría en uno de los mejores finales de la historia.

Billy Wilder lo justificaría en guión. Y sería el único. Y quedaría redondo.

Nacho Vigalondo metería un zoom loco.

Robert Rodriguez sustituiría el petirrojo por un cameo de Bruce Willis.

Quentin Tarantino haría esto, como tenía pensado desde el principio:







¿Y qué hizo Walt Disney en la realidad?

Pues dio con la clave perfecta:
-En el Mundo Disney cantan todos los putos pájaros.

Actualización:

El juego sigue en los foros de mundodvd.

6 de agosto de 2007

¿Puede una canción tener más autores que palabras?



Spiderpig Spiderpig
Does Whatever a Spiderpig Does
Can he swing from a web?
No he can't he's a pig.
Look out! He is Spiderpig.


La lista de palabras que se usan en esta canción son las siguientes:

1. Spiderpig
2. Does
3. Whatever
4. a
5. Can
6. He
7. Swing
8. from
9. web
10. no
11. is
12. look
13. out

13 palabras. Y según los créditos de la película, los autores son 14:



14 autores, de los cuales uno hizo la música para Spiderman. Otro, la letra original. El trabajo exclusivo de los otros 12 ha consistido en elegir y ordenar esas 13 palabras. Es de suponer que alguno ha trabajado el doble, pero esas historias son de carácter privado, ellos se repartirán los derechos como vean conveniente.

Y eso que no acreditan al arreglista ni al cantante, que esos desafinos no son fruto de la casualidad.